LA TUMBA PROPIA
Era yo. Me dijo (o me dije) que la primera pregunta se podía obviar a esa altura de las circunstancias, y que la segunda era bastante obvia pero tendría piedad de mí, después de todo soy alguien a quien se le apareció su propio yo en el jardín cavando con una pala. Dijo que estaba cavando una tumba para él, o sea, para mí. Entonces se produjo la siguiente conversación:
- Es que voy a morir?
- Por supuesto, todos mueren.
- Pero, ¿falta poco para que muera?
- ¿Quien sabe?
- Entonces por que estás cavando una tumba?
- No me hables como si fuéramos dos personas, tú y yo somos lo mismo.
- Si no sabes cuando moriré, ¿porque cavar una tumba ahora? Planeo morir siendo viejo, muy viejo.
- No.
- Como que no?
- Si seguimos con esta vida no moriremos muy viejos. Hace años que estamos cavando esta tumba, mucho tiempo.
La saliva me pasaba por la garganta como si fuera un trozo de carne gomoso duro de masticar. Entonces cargué mi revolver y le dije que se detenga, le di una orden. Me dijo que matarlo era matarme, y que eso me transformaría en un suicida, cosa que no quiero ser, me aterra esa idea. Traté como siempre de evadir esa realidad (si se puede llamar realidad), y le dije que se vaya.
- Si quieres que me vaya, vete tú, pero yo iré contigo. Puedes sacarme de aquí pero estaré donde vayas, cuando duermas, cuando comas, cuando escribas, cuando hagas el amor, siempre, allí estaré.
Creo que el tipo tenía razón, por primera vez me daba la razón completamente a mi mismo. Soy un tipo que desconfía permanentemente de sus propias razones, es que al haberme equivocado tantas veces, al haberme ido tan mal, no puedo ser tan terco de creerme con la razón. Pero esta mañana creo que tuve toda la razón. Igual retrocedí un paso y me di un ultimátum.
- Vete o te vuelo la cabeza.
- No te creas, eres un impostor. Yo soy el verdadero, tú eres el falso.
Caramba. Como saber quien era quien, si aveces no distingo un zapato de una sandalia. Maldita sea dije e hice lo que hice siempre, seguí mi instinto, hice lo que más me hacía feliz, como trato de hacer siempre, aunque me equivoque. Le apunté a la cabeza y disparé. Mi otro yo cayó junto a la tumba que estaba cavando hace años. Fue la única vez que usé mi arma y la vengo a usar para matarme a mí mismo, o a una parte de mí. Al menos yo, creo estar vivo, sino no podría estar escribiendo esto. Lo tiré en la fosa y comencé a echarle tierra con la pala. Al rato alguien se me acercó por detrás y me pregunto dos cosas. ¿Quien es usted? ¿Que esta haciendo en mi jardín? De inmediato entendí cual era el chiste. Era yo. Me estaba apuntando con un arma sostenida con las dos manos frente a su pecho. Inmediatamente tuve que pensar algo que decir para no terminar como el otro, entonces se desarrolló el siguiente coloquio:
- Vea, a decir verdad, yo, soy usted. Lo que ocurre es que vengo del futuro, es un experimento de un viejo loco con el cabello blanco y desordenado. Estoy enterrando una bolsa con excremento. Me agarraron ganas y no quise molestar en pedirte el baño.
- Vaya, ¿y que vienes a hacer?
- Bueno, vengo a contarte como te fue con tus sueños e incertidumbres.
Entonces el otro yo bajó el arma, se acercó y me abrazó.
- Cuentame todo por favor, tengo mucha intriga.
- Eres un gran escritor, un best seller.
- Guauuu!! Dios! Gracias! No lo puedo creer, siempre pensé que escribía pésimo. ¿Que más?
- Además soy un famoso conductor de radio.
- ¿Si?
- Así es.
- No puede ser, quiero ir a ese momento ya. Cuentame más.
- Ok. Esa amiga tuya que amas como a ninguna mujer sobre esta tierra, pero con la cual no quieres entablar una relación porque prefieres tratar de seducir mujeres todo el tiempo sin cargos de conciencia, y revolcarte con prostitutas, ¿Sabes de quien te hablo?
- Si. ¿Que ocurre con ella?
- Es tu esposa y la madre de tus hijos.
- Pero, Dios santo, tu vienes del paraíso, no del futuro.
- Si, la verdad es que me fue muy bien en la vida, todos mis sueños se cumplieron.
- Caramba. ya que me fue bien en todo, no tiene sentido que siga viviendo, dile a esa esposa mía que siempre la he amado, y a mis hijos, que no los conocí pero que siempre pensé en ellos, y que seguro que los amo. A mi público en la radio, que amo poder hacer que me escuchen todos y agradarles, y a mis lectores, que siempre escribí para exorcizarme, para salvar mi conciencia. Eso, vuelve al futuro y escribe sobre mí, diles que soy un joven loco, soñador y sensible, y trata de inventar algo sobre las mujeres, diles que soy un gran seductor. Es más, cuentales detalladamente como me suicidé.
Instantáneamente, el tipo (yo) se disparó el arma en el pecho, pero no murió, entonces se volvió a disparar tantas veces como pudo, hasta que murió o quedó muy cerca de eso. No lo sé, quizás haya estado vivo, pero no presentaba ya señales de eso. Cavé otra fosa y terminé de enterrar los dos cuerpos en el jardín. Construí dos lápidas, en una tallé una leyenda que decía: “este era yo, el soberbio que cree ser un hombre práctico y seguro, el que cree que hace lo que debe hacer”. En la otra, la leyenda rezaba: “este era yo, el crédulo, el inocente, que se sube emocionado a cualquier carro que lo deje cerca de sus ilusiones, el que es capaz de hacer cualquier cosa para llenarse de sensaciones que lo ayuden a escribir, incluso suicidarse”
Entonces ya era de noche y solo quedé yo, el tipo sensible, el que sigue sus instintos para escapar de una locura acechante, el que no quiere llegar a su lecho de muerte sin haber hecho todo lo que lo hacía feliz, el que no quiere arrepentirse de nada. Soy aquel que puede inventar una historia descabellada en el momento indicado para escapar de una situación conflictiva. El que hasta ahora pudo escapar de sus problemas, sin atarse al mito de que se debe enfrentar todo problema hasta vencerlo. ¿Para que pelear si se puede huir facilmente? Un soldado que sobrevive sirve para otra batalla, y para otra, y para otra, y para todas, porque escapará constantemente de cada una de ellas.
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